Especiales Futbol Peruano Reportajes Rusia 2018

’40 años después’: Crónica de la más reciente victoria peruana en un mundial

“Después de esa mágica noche del 15 de noviembre, todos hablaban de los 36 años que Perú no iba a un mundial, pero sólo algunos pocos repararon en que Perú no ganaba un juego de Copa del Mundo desde el domingo 11 de junio de 1978 en el Estadio de Córdoba en Argentina”

Hoy se cumple un año del 2 a 0 con el que Perú se despidió el mundial de Rusia 2018. Foto: Reuters

Por: Jose Antonio Quiñones

26 de junio de 2019 |13:55h

Hace exactamente un año salimos de casa con rumbo a la playa. Todos teníamos ropa de baño, sandalias y una mochila con lo indispensable: toallas, bloqueador solar, camisetas y banderas de Perú y un sobre A4 con el logo de la FIFA que contenía uno de los más valiosos tesoros de nuestros días.

Llegamos a Sochi un día antes del partido contra Australia, el tercero de la fase de grupos y el que sería el último para ambas selecciones dado que Perú había quedado descalificado al caer 1 a 0 contra la Francia y a Australia solo le servía ganar al equipo peruano para tentar pasar de ronda. Ya antes habíamos estado en Moscú, San Petersburgo y Ekaterimburgo. La verdad no sabía mucho de Sochi más allá de que había organizado con éxito unas olimpiadas de invierno algunos años atrás.

Fisht Stadium. Sede del último partido de Perú en Rusia 2018. Foto: Fifa.com

La barrera idiomática siempre fue una complicación en la ex unión soviética. De no ser por google translator, nuestro tiempo efectivo en cada ciudad se habría visto considerablemente reducido. Apenas llegamos al aeropuerto uno de nosotros se encargó de utilizar su teclado en cirílico para poner la dirección del AirBnb que habíamos reservado en el Yandex Taxi[1] que nos esperaba afuera del aeropuerto.

Una de las cosas más confusas con respecto a Rusia era el hecho de que no anochecía jamás. Los días eran eternos, de pronto empezaba a oscurecer y cuando parpadeabas ya se había hecho de día. Entonces, y a pesar de contar con material fotográfico que me ayuda a relatar lo vivido y a darle orden cronológico, no llego a atar con claridad qué hora era cuando por fin tocamos Sochi; pero debe haber sido aproximadamente 24 horas antes del partido final de Perú. De hecho tampoco ayudaba que la cerveza en esas tierras sea tan barata y de tan fácil expendio, así como el entusiasmo de mis hermanos de viaje que insistían en iniciar el día con una lata de Baltika N°3[2] como si de una taza de café se tratara.

Luego de acomodarnos y almorzar fuimos al fan fest a ver los últimos partidos del grupo de España y Portugal. La bahía de Addler en la que se llevaba a cabo el evento era un portal interdimensional que te llevaba al parque Kennedy en Miraflores: ese día saludé a personas que en Lima no veo ni en pelea de perros. Los aficionados peruanos éramos un mar de necios que, a pesar de la eliminación, seguíamos cantando el laureado “como no te voy a querer” como desde el primer día, despertando admiración en la ciudad y despertando también a los locales; quienes debían preguntarse “¿qué carajos es eso que suena?”, al oír un ejército de galifardos cantando el himno nacional a todo pulmón a las 2 de la mañana, justo después de que nos invitaran a desalojar el evento. Casi puedo asegurar que de los que estábamos en ese momento, ninguno había estado en España 82.

Fifa FanFest en la ciudad de Sochi. Foto: AFP

En 1982, Perú llegaba con un cartel muy prometedor al mundial que se jugaría en España. Tuvo un camino formidable: era su segundo mundial al hilo, tenía a Teófilo Cubillas como figura con 10 goles en mundiales y venía de vencer a la Francia de Platini a domicilio en el Parque de los Príncipes en un amistoso de preparación. Ya sé que la figura debió ser Julio Cesar Uribe y que gran parte del fracaso se debe a la incursión de un veterano Cubillas en un equipo en el que no debió estar, pero ya se han escrito ríos de tinta sobre eso.

A la hora de los loros la selección empató a cero contra un discreto Camerún, sacó un empate importante ante la Italia que a la postre sería la campeona del mundo y cayó estrepitosamente contra Polonia con un contundente 5 a 1 que mató nuestra ambición mundialista más rápido que las incursiones de Lato en el área de Quiroga. Perú se fue de España con 2 empates y una derrota.

35 años más tarde en el 2017, después de esa mágica noche del 15 de noviembre, todos hablaban de los 36 años que Perú no iba a un mundial, pero sólo algunos pocos repararon en que Perú no ganaba un juego de copa del mundo desde el domingo 11 de junio de 1978 en el Estadio de Córdoba en Argentina; en el que la Selección del finado Marcos Calderón goleó a un discreto equipo iraní por 4 a 1 con un gol del patrón Jose Velasquez y un hattrick del Nene Cubillas.

Volviendo a ese día playero en Sochi, yo era consciente de que el periplo mundialista podía terminar sin victoria alguna para los de Gareca, tal como ocurrió en el 82. La pieza que no encajaba con naturalidad en este engranaje era un también veterano como Cubillas, pero que a diferencia del nene, había sido determinante en las eliminatorias: Paolo Guerrero, con sus 34 años, era sin duda el mayor referente de ataque que teníamos y tenemos. Fue habilitado para jugar a pocos días de iniciar el mundial, lo cual finalmente le dio más dolores de cabeza a Gareca -que ya venía trabajando una base con Jefferson Farfán como punta desde el repechaje con Nueva Zelanda. Aun así, como obedeciendo a un clamor popular, el Deté de Perú decidió incluir al referente, quien además en el momento era un estandarte de lucha y persistencia, dadas las circunstancias extrañas en la que se dio su caso de suspensión por dopaje.

A pesar de la eliminación de unos días atrás, yo me sentía conforme. Triste, pero conforme al fin. Perú jugaba, Perú tocaba, nadie nos había pasado por encima. Además, el tema del momento en la prensa internacional era “¡mamita como alientan los peruanos!” y eso era un premio consuelo que aminoraba la desolación.

Esa tarde, luego de tirarnos cual malaguas en el mar negro y de contarle chistes a Orderique para la previa de Futbol en América, decidimos por fin que debíamos encarar lo inevitable: ver a Perú por última vez en este mundial. El Fisht Stadium está a solo unas cuadras de la playa, así que fuimos caminando y entramos un par de horas antes como se nos había hecho costumbre. En la fila nos peleamos con un par de aficionados australianos que en un vil intento de permutar la criollada sudaca, se quisieron colar para ingresar antes. Anduvimos entre la multitud saludando a los connacionales e incluso hicimos una barra del Cienciano con un agradable cusqueño que conocimos ahí. La afición de Perú tenía una prevalencia en el estadio de por lo menos 4 a 1 con respecto a los ‘Aussies’. Dadas las circunstancias, era el escenario perfecto para despedir a la ‘Blanquirroja’.

Al entrar al estadio esa tarde, la ansiedad y los nervios de los partidos anteriores habían casi desaparecido. Ya no teníamos encima la presión de que si no ganábamos nos íbamos, porque ya estábamos fuera. La presión era para ellos, cuya única posibilidad de seguir con vida era que ganen ese partido y que Francia le gane a Dinamarca. A pesar de eso, se veía mucha tranquilidad en los ‘Socceroos’: cantaban sus barras, ondeaban sus banderas, llevaban canguros inflables y hasta en algún momento escuche una barra que decía algo sobre la cocaína peruana, unos loquillos.

Como fue una costumbre en este mundial, las aficiones eran recibidas con una canción representativa de la nación a la que alentaban. Primero sonó ‘Down Under’ -que me hizo recordar que los Men At Work son australianos- una melodía pegajosa con tonos de flauta traversa que a pesar de la rivalidad, todos festejábamos como quien baila en el Sargento Pimienta un jueves. A continuación fue el turno del dúo de la historia, Arturo el Zambo Cavero y Oscar ‘Fuckin’ Aviles. Apenas los señores del criollismo peruano comenzaron a entonar la mítica canción de Polo Campos, las hordas de hinchas dejaron de cantar, tomar, comer, conversar y cuanto estuvieran haciendo en ese momento para unirse en una sola melodía y dar rienda suelta a ese patriotismo exacerbado, que podría ser acusado del nacionalismo más facho y chauvinista posible si no estuviera encerrado en el contexto futbolístico. El estadio se vino abajo como de costumbre. No hubo una sola vez de las tres en la que el ‘Contigo Perú’ se escuchó en los parlantes de los estadios rusos en la que no haya derramado lágrimas de orgullo y felicidad por estar ahí en ese espacio y momento histórico.

Luego de corear todos los nombres de los seleccionados que iban apareciendo en la pantalla gigante del estadio, nos dispusimos – por primera vez desde que llegamos a Rusia- a ver el partido de fútbol sentados en las butacas. Ese partido ya no exigía verlo de pie los 90 minutos como hicimos en los anteriores. Era un espectáculo para disfrutar como quien va al teatro: sentado, con tu vaso conmemorativo de Budweiser y cantando con mesura pensando que en pocos días debíamos volver a nuestra rutina limeña en la que necesitábamos de nuestras gargantas. Al final, ya teníamos 180 minutos de experiencia efectiva como hinchas en un mundial.

El juego comenzó siendo intenso. Nosotros llevábamos tomando cerveza desde el mediodía y, durante los primeros quince minutos más o menos, nuestro aliento se concentró en recordar a la madre del volante australiano Jedinak. Probablemente después de los primeros cinco minutos el chongo dejó de ser gracioso, pero el ambiente festivo justificaba los excesos líricos. Alrededor del minuto 17 Christian Cueva dio uno de esos pases que te hace reconsiderar que estos atletas sean humanos. Justo a los pies de Paolo Guerrero que, con la marca del defensa australiano encima, se perfilo hacia su izquierda, mantuvo la posesión, amagó un par de veces y descargó hacía el otro extremo de la cancha. Un pase de esos que llaman centro que fue directo hacia donde se encontraba André Carrillo, quien sin dejar caer la pelota, le metió un derechazo tal que ni los centrales ni el arquero estirado cuan largo era, llegaron a frenar.

El estadio era un escenario incomprensible. Nada de lo que pudieras explicar mediante la razón cabía en el imaginario popular de los 25mil peruanos que celebrábamos entre llantos, besos y abrazos ese gol que nos regalaba la ‘Culebra’, un gol que en ese momento borraba el nefasto registro de aquella última diana de un equipo peruano en un mundial, ese que Guillermo La Rosa le marcó a los polacos, luego de que ellos nos hicieran cinco. Nada podía darle un sentido objetivo a la celebración de un gol que sobre el papel no definía nada, que no lograba clasificación ni premio alguno, más que una posible victoria que serviría solo para la fría estadística.

Lloré. La reacción emocional fue inmediata. Cayeron sobre mis glándulas lagrimales en ese momento los 15 mil kilómetros que habíamos recorrido para llegar hasta allá. Cayeron de golpe las eliminatorias a Francia 98, el fracaso de Maturana, la ilusión efímera con Autuori, la juerga del Golf Los Incas, la derrota contra Uruguay en Lima para Brasil 2014, el gol que se falló el Cóndor Mendoza contra Ecuador. Todo el cúmulo de frustraciones futbolísticas que un hincha con 30 años a sus espaldas podía soportar, todo se fue con ese grito de gol en un mundial. Al levantar la mirada vi que mis tres amigos lloraban también, éramos parte de una emoción colectiva incontenible.

El estadio se convirtió en una fiesta, las colas de la cerveza se comenzaron a hacer más grandes y las sonrisas más frecuentes. Casi al comenzar el segundo tiempo, cuando Australia aún se acomodaba en el campo dispuesto a tomar el control del juego en busca del empate, Cueva incursiona en el área de Australia y tira un centro medio mordido que termina casi cayéndole al nueve más nueve de la historia del futbol peruano. Paolo Guerrero mete una media vuelta que hubiera dejado con 6 vertebras rotas a cualquier mortal, y remata sin dejar que la pelota caiga al piso. Una maniobra que le dio un poco de lustre a un gol estéticamente feo, pero de un valor incalculablemente hermoso. La celebración del segundo gol vino acompañada de un poco más de mesura.

El goleador histórico se había hecho presente, cual justicia poética. Toda su vida había luchado para estar en un mundial con Perú y una decisión de burócratas en escritorios estuvo a punto de dejarlo fuera. De no ser porque estábamos eliminados, las circunstancias se hubieran prestado para un guión de Michell Alexander.

Al finalizar el juego salimos entre la muchedumbre que cantaba y se abrazaba sin importar la nacionalidad. Hubo varios cambios de camiseta -incluyendo la mía, que sirvió como ficha de trueque de uno de los souvenirs más bonitos que me traje de ese viaje: una camiseta amarilla con la silueta de un canguro que encerraba una hoz y un martillo, símbolo de una de las barras organizadas del país oceánico.

Cuando salimos del Fisht Stadium, 2 muchachas nos abordaron y nos regalaron manzanas. Nos dijeron que los locales solían regalar fruta a los aficionados del equipo ganador y que era una costumbre que se había quedado desde los juegos de invierno que organizaron en 2014. Con más ímpetu que raciocinio, creímos que seguiría la fiesta con el envión anímico y la algarabía del triunfo, pero el viaje de 40 minutos en taxi al que fuimos sometidos fue enterrando nuestras intenciones una por una hasta casi llegar a casa, rogando por una cama. Por fin pudimos descansar, extasiados, atónitos, como quien acababa de celebrar 2 goles de su selección en un mundial, algo que ninguno de nosotros había hecho jamás. Pero que, cual droga de diseño, generaba una adicción por volver a repetir la experiencia todas las veces posibles por lo que nos quedara de vida.



[1] Aplicación similar al Uber pero de origen ruso

[2] Una de las cervezas más populares en Rusia, muy popular en eventos deportivos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: